Los costos de la Segunda Guerra Mundial. Aprende en Casa III

Los costos de la Segunda Guerra Mundial. Aprende en Casa III

Los costos económicos derivados de la Segunda Guerra Mundial también fueron enormes. Aunque es difícil de cuantificar el costo económico total
Los costos de la Segunda Guerra Mundial
Los costos de la Segunda Guerra Mundial
Redacción | UN1ÓN | 10/03/2021 11:50

En la materia de Historia de primero de secundaria, se tratará el tema: “Los costos de la Segunda Guerra Mundial”, con el que se analizará el fascismo y su papel de impulsor de la Segunda Guerra Mundial.

¿Qué hacemos? 

La Segunda Guerra Mundial dejó casi trece millones de niñas y niños muertos, y miles de huérfanos alojados en orfanatos. La periodista bielorrusa Svetlana Alexievich, Premio Nobel de Literatura, se dio a la tarea de recoger estos testimonios y publicó Últimos testigos. Los niños de la Segunda Guerra Mundial. Pon atención a este par de experiencias: 

El primero es de Taisa Nasvétnikova, tenía siete años: 

“El 9 de mayo nos despertamos por la mañana muy temprano porque alguien empezó a gritar muy fuerte. Estaba amaneciendo. Mamá se fue a ver qué pasaba. Volvió corriendo, desconcertada: «¡La Victoria! ¿De verdad es la Victoria?». Era algo insólito: la guerra había acabado, una guerra tan larga… Unos lloraban, otros reían, otros chillaban… Lloraban los que habían perdido a los suyos, pero ¡se alegraban porque había llegado la Victoria! 

La gente reunió toda la comida que nos quedaba en uno de los apartamentos: unos llevaron un puñado de cereales; otros, unas cuantas papas; a otro le quedaba un poco de betabel. Nunca olvidaré aquel día. Aquella mañana…, incluso la tarde de aquel día fue diferente… 

Durante la guerra, por alguna razón, todos hablaban en voz baja, me parecía que susurraban. Pero de pronto a nuestro alrededor todo el mundo se puso a hablar en voz alta. Los niños no nos apartábamos de los mayores, nos daban cosas de comer, nos acariciaban, nos animaban a salir a la calle: «Venga, salgan, que hoy estamos de fiesta». Y luego nos volvían a llamar a casa. Nunca nos habían abrazado y besado tanto como aquel día. 

Yo tuve mucha suerte: mi padre volvió de la guerra. Me trajo unos juguetes muy bonitos. Eran juguetes alemanes. Yo no lograba entender cómo era posible que los juguetes alemanes fueran tan bonitos… 

Con mi padre también intenté hablar de la muerte. De los bombardeos que sufrimos cuando mamá y yo estábamos siendo evacuadas de la ciudad… De cómo a lo largo de todo el camino, a ambos lados de la carretera, yacían nuestros soldados muertos. Tenían la cara cubierta con ramas de árboles. Las moscas zumbaban sobre los cuerpos… Miles de moscas… Del alemán muerto… Le hablé del padre de una amiga mía que había logrado regresar de la guerra y murió a los pocos días. Murió de un ataque al corazón. Yo no conseguía entenderlo: ¿cómo se puede morir después de una guerra, cuando todo el mundo está feliz? Papá no decía nada” 

El segundo testimonio es de Nikolái Beriozka 

“Nací en 1945, pero recuerdo la guerra. Yo conocí la guerra. Mi madre me encerraba en otra habitación… O me enviaba a la calle, a jugar con los demás niños… Pero igualmente podía oír los gritos de mi padre. Gritaba mucho rato. Yo me quedaba pegado al quicio de la puerta: mi padre se sujetaba la pierna lisiada con las dos manos, la mecía. O se contorsionaba en el suelo y se la golpeaba con los puños: «¡La guerra! ¡La guerra!». Cuando el dolor mitigaba, mi padre me abrazaba, y yo le tocaba la pierna: —¿Te duele la guerra? — le preguntaba. La guerra ya había acabado, pero mi padre murió por culpa de la guerra. Murió por las heridas.” 

La Segunda Guerra Mundial tuvo un enorme costo en vidas humanas, dolor, sufrimiento, así como una enorme destrucción de ciudades, aldeas, campos agrícolas, caminos y comunicaciones que devastaron las economías de los países que participaron en ella. 

La pérdida de vidas humanas es difícil de calcular, pues además de los soldados caídos en los frentes de batalla, en los bombardeos aéreos y en las ejecuciones por motivos raciales, hay que incluir a los millones de civiles que murieron por hambre, desnutrición, enfermedades y la violencia de la guerra. Por esta razón, se estima que murieron entre 35 y 60 millones de personas, la mayor catástrofe producida por una guerra en la historia de la humanidad; seis millones fueron judíos, quienes murieron víctimas del Holocausto. A esta tragedia, habría que añadir los millones de soldados y civiles que quedaron mutilados e incapacitados física o mentalmente de manera permanente por los efectos de guerra. 

Los países aliados más afectados fueron los de Europa oriental. La URSS tuvo 18 millones de muertos, el 10% de su población, de los cuales, 7 millones fueron civiles; Polonia perdió 5.8 millones, el 20% de sus habitantes; Yugoslavia sufrió 1.5 millones de muertes, equivalente al 10% de su población. Gran Bretaña y Estados Unidos de América, que no fueron invadidos, tuvieron 375 mil y 298 mil perdidas respectivamente. China, que participó del lado de los aliados contra el Imperio Japonés, tuvo más de 1.3 millones de soldados muertos, sin poder estimarse los millones de civiles que murieron por hambruna y enfermedades derivadas de ese conflicto. 

Por su parte, los países del Eje que más muertes sufrieron fueron Alemania, con 4.2 millones y Japón, con casi dos millones. Italia tuvo 390 mil muertes, mientras que Hungría y Rumania se acercaron cada una al medio millón. 

Los costos económicos derivados de la Segunda Guerra Mundial también fueron enormes. Aunque es difícil de cuantificar el costo económico total, se estima que fue mayor a un billón de dólares de esa época. 

La industria y la agricultura de los países de Europa occidental ocupados por el ejército nazi, tuvieron que producir para satisfacer las necesidades de guerra de las fuerzas ocupantes; los países de Europa oriental fueron explotados aún más. 

Millones de hombres y mujeres de los países ocupados fueron obligados a trabajar en fábricas y granjas alemanas. La resistencia popular, que se organizó en los países ocupados, provocó una brutal represión germana, sobre todo en Polonia y Yugoslavia. Eso ocasionó escasez de alimentos, hambrunas, enfermedades y un gran sufrimiento de la población civil.

Adicionalmente, hubo una gran destrucción física, ocasionada por las toneladas de explosivos arrojados desde los aires por los ejércitos de uno y otro bando. En Gran Bretaña, un tercio de las casas fueron destruidas por los bombardeos de la aviación nazi; en Francia, Bélgica y Holanda, el 20% de sus zonas habitacionales quedaron vacías. Los sistemas de transporte sufrieron también un gran daño. 

Al finalizar la guerra, la economía de Europa occidental estaba paralizada, mientras que, en Europa del este, la situación era peor pues muchas poblaciones fueron arrasadas. Polonia quedó devastada, pues un tercio de sus edificios fueron destruidos, junto con el 60% de sus escuelas y un tercio de su agricultura. Alemania sufrió una destrucción todavía mayor: casi la mitad de sus ciudades más grandes quedaron en ruinas. Por ejemplo, en Düseldorf, 93% de las viviendas quedaron inhabitables, es decir, sólo 7 de cada 100 familias tenían dónde vivir. 

Todo esto provocó que millones de personas se quedaran sin hogar, 50 millones de individuos fueron expulsados de sus hogares y, al final de la guerra, 25 millones de desplazados se encontraron en situación de refugiados. Los caminos de Europa se llenaron por los ríos de desplazados que, al terminar la guerra, regresaban a sus países de origen o emigraban en busca de sobrevivir. Esto propició que se produjera la mayor ola migratoria conocida hasta el momento. 

En China, en los territorios ocupados por Japón, se vivió una situación semejante a la de Europa del este. Ahí, las difíciles condiciones de vida de la gente, debido a la sobrepoblación, el atraso económico y las guerras internas que llevaban décadas, se agravaron con la ocupación japonesa. Ocurrieron hambrunas, epidemias y revueltas llevando a millones de personas a emigrar para salvarse de los bombardeos y la explotación de las tropas japonesas. Filipinas, ocupada también por Japón por tres años, sufrió la destrucción provocada por la guerra entre esta nación y los Estados Unidos de América. 

Japón fue también uno de los países que sufrió una mayor devastación. El 40% de las 66 ciudades japonesas más grandes fue destruido, además de la terrible tragedia humana que produjo el estallido de las bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945. En Hiroshima, se calcula que entre 50 y 100 mil personas murieron el día de la explosión. Además, el estallido generó una ola de calor de más de 4,000 °C en un radio de aproximadamente 4.5 km. El calor provocó incendios los siguientes días, mismos que terminaron por devastar la ciudad. En Nagasaki, el número de muertos se estima en las 50 mil personas. En ambas ciudades, la población que sobrevivió murió después a causa de la radiación, se calcula que, hasta diez años después, las tasas por diversos tipos de cáncer continuaban al alza. 

Los supervivientes de este terror que fue la guerra, ya fuesen de las naciones victoriosas o vencedoras, tendrían que luchar largos meses para reconstruir sus casas, sus naciones y sus vidas. 

¿Cuáles consideras que fueron las mayores dificultades que pasaron los habitantes de Varsovia, Londres o Hiroshima para sobrevivir?

¿Crees que fueron diferentes a las de otras personas, en otros países? 

Sobre los costos humanos, ve y escucha el siguiente vídeo, del minuto 00:21 al 04:44. 

  1. Lo que fuimos

 

Una de las consecuencias más importantes de la Segunda Guerra Mundial fue un nuevo equilibrio y una nueva alineación entre los países del mundo. En términos económicos, políticos y militares, Estados Unidos de América se consolidó como la potencia más fuerte y en la nación líder de los países capitalistas. El ascenso de Estados Unidos de América como el país más poderoso de la Tierra, que había comenzado tras el fin de la Primera Guerra Mundial, llegó a su culminación con la Segunda Guerra Mundial. Aunque sufrió una fuerte pérdida de vidas humanas y un enorme costo económico, este país no fue invadido, ni sufrió la terrible destrucción física y económica que sufrieron muchos países europeos y Japón, quienes tardarían décadas en recuperarse y alcanzar los niveles que tenían antes de la guerra. 

En otra latitud, surgió una nueva potencia que en pocos años se convirtió en el principal contrapeso de Estados Unidos de América, la Unión Soviética, cuya influencia se extendió a varios países de Europa del este, en donde la guerra y la ocupación de sus territorios por el ejército soviético catalizó la toma del poder de partidos socialistas que se alinearon con la URSS y constituyeron lo que se denominó “el bloque socialista”. Así, el mundo de la posguerra quedó con una nueva configuración en dos bloques, el capitalista y el socialista, encabezados por Estados Unidos de América y la URSS, que sustituyeron a los viejos imperios europeos colonialistas en su disputa por la hegemonía global. 

Por otro lado, la devastación de la Segunda Guerra Mundial obligó a que los países vencedores pusieran en marcha un plan de reconstrucción económica, conocido como Plan Marshall, pues fue dado a conocer en 1947 por el Secretario de Estado, George Marshall

Este fue un programa de ayuda económica que brindó Estados Unidos de América a Europa para reconstruir su devastada economía y, de paso, activar el mercado, fomentar el libre comercio y promover la inversión; también buscaba detener los avances del comunismo, pues temían que la pobreza y la desesperación beneficiaran a los partidos que se oponían al sistema capitalista. Es decir, a través de este plan, Estados Unidos de América buscó incrementar su presencia en Europa occidental frente a la expansión del comunismo en Europa oriental. 

En este nuevo orden, una de las consecuencias más importantes de la Segunda Guerra Mundial fue el inicio de los procesos de descolonización en Asia y África, observa el siguiente video del minuto 00:16 al 03:12. 

  1. Los mapas de la segunda mitad del siglo XX

 

En paralelo, se creó un nuevo organismo internacional que sustituyó a la Sociedad de las Naciones, que había sido incapaz de evitar la guerra, dando nacimiento a la Organización de las Naciones Unidas el 24 de octubre de 1945. 

Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, la cultura en el mundo occidental comenzó a cambiar. Movimientos en pro de la paz surgieron a ambos lados del Océano Atlántico, y la cultura de consumo se propagó.

Las sociedades comenzaron a cambiar, pues ahora se hizo más notoria la preocupación por el bienestar de las niñas, niños y adolescentes; y muchas mujeres comenzaron a exigir derechos que no les habían sido reconocidos pese a su importante participación en la guerra

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