Leyendas navideñas y cuentos cortos para niños

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La Navidad se celebra en casi todo el planeta, se trata de una festividad religiosa en la que los cristianos conmemoran el nacimiento de Jesucristo.

En cada país, la navidad se celebra de maneras diferentes, pues cada  zona y cada región tiene una serie de tradiciones populares que han pasado de generación en generación a través de preciosas leyendas. 

A continuación, UN1ÓN te comparte una selección de preciosas leyendas cortas de Navidad para leer en las fiestas con los niños.

Disfruta acompañado de tus seres queridos estos cuentos cortos de Navidad basados en leyendas que se han transmitido de generación en generación de forma oral. Son en su mayoría cuentos e historias que esconden fantásticos valores para transmitir a los niños.

La Flor de Nochebuena

Cuenta una leyenda que hace mucho, mucho tiempo, en un pequeño pueblo de México, todos los habitantes se reunían en la iglesia cada año durante el nacimiento de Jesús para dejarle algún regalo.

A Pablo le encantaba aquella tradición. Todos los años veía llegar a muchas personas desde muy lejos con regalos hermosos: cestas de fruta, ropa, algún juguete… Pero según pasaban los años, Pablo se ponía más y más triste. Él sólo veía como todos iban y depositaban sus regalos pero él no tenía nada que regalar, él era muy pobre y eso lo hacía sentir mal.

Pablo quiso esconderse para evitar que otro miraran que no tenía nada que dar, fue y se escondió en un rincón de la iglesia y comenzó a llorar, pero pronto de sus lágrimas que habían caído al suelo, comenzó a brotar una hermosa flor con pétalos rojos.

Pablo comprendió que aquella flor era un regalo de Dios, para que Pablo se la regalara al niño Jesús. Contento fue y deposito aquella flor juntos con los demás regalos, pero manteniendo el secreto que había nacido de sus lágrimas.

El resto de personas, al ver aquella planta tan bella, decidieron llevar una idéntica cada año. Ese gesto, poco a poco, se convirtió en una tradición, y hoy en todos los hogares, una bella flor de Pascua deslumbra a todos con sus intensas hojas rojas.

 

 

 

La leyenda de Navidad de la salvia

Cuenta una leyenda que hace mucho tiempo, nació un niño llamado Jesús, que resultó ser el hijo de Dios. Este pequeño pasó por un gran peligro cuando apenas era un bebé. Era la época del rey Herodes, y al oír que había nacido ‘un rey’, pensó que lo que quería era arrebatarle su trono.

Herodes mandó matar a todos los bebés menores de dos años de Belén, para asegurarse de que ese niño no ocupara su lugar al crecer. Pero unos ángeles avisaron a San José y a María, quienes se pusieron de inmediato en marcha para huir de esta ciudad.

A mitad de camino hacia Egipto, escucharon el sonido de unos caballos y se dieron cuenta de que podían ser los soldados de Herodes. Miraron alrededor en busca de un lugar donde esconderse, pero solo vieron tres plantas: un precioso rosal lleno de rosas rojas, unos pequeños tréboles y una planta de salvia.

Los 13 hombrecillos de la navidad

Cuenta la leyenda que en Islandia habitaban hace mucho, mucho tiempo, unos jovencitos muy bajitos llamados jólasveinarnir, a los que les gustaba gastar muchas bromas a los niños, hasta el punto de atemorizarles. Todos ellos eran hermanos, hijos de una ogra, pero cada uno tenía una particularidad. Eso sí, les encantaba esconderse entre las rocas, la nieve o los glaciares.

Los niños tenían auténticas pesadillas, y cada vez que veían a alguno de estos  jólasveinarnir o enanitos, salían corriendo a esconderse en sus casa.

Los habitantes de este lugar, enfadados con esta actitud, decidieron pedir ayuda al rey o gobernante del lugar. Al principio éste no les escuchó, hasta el día en que sus propios hijos recibieron la burla de estos hombrecitos. Harto de esta situación, decidió castigarles de esta forma: si no querían ser desterrados de por vida de Islandia, debían llevar un regalo a cada niño, un día al año, como recompensa por todo el mal que les habían hecho. 

Los  hombrecitos, que eran 13, acordaron llevar los regalos el antes del 25 de diciembre. Y como eran 13, la Navidad comenzaría trece días antes del día 25. Cada cada uno de ellos debía recorrer un largo camino hasta la casa de un niño. Pero como seguían siendo un poco traviesos, además del presente dejaban también una travesura. Además, decidieron que sólo dejarían regalo en forma de juguete, libro o dulce a los niños que se habían portado bien. A los que se habían portado mal, les dejaría… ¡una patata!

Por si eso no fuera poco, también acordaron no renunciar nunca a su carácter travieso y burlón. Durante esas dos semanas previas al 25 de diciembre, los hombrecitos gastarían bromas en cada hogar. Y como son invisibles, podrían hacerlo sin disimulo. 

Y así es como desde entonces, los niños islandeses no reciben la visita de Papá Noel, sino la de 13 Papá Noel o 13 hombrecitos que deciden cada Navidad si dejarán regalo o una patata a los pies del abeto navideño de cada hogar y que de paso gastan alguna que otra broma para dejar constancia de que pasaron por allí.

El ayudante de Santa Claus

Papá Noel recibe cada año todas las cartas de los niños, de todos los países del mundo, y él las va archivando según lo que piden: muñecos, videojuegos, ropa… Pero tenía una carta que no podía clasificar… en ella, una niña suiza, Erika, no pedía ni juegos, ni ropa ni material escolar. Decía lo siguiente:

‘Querido Papá Noel: este año no quiero que me traigas ningún juguete, porque mi hermano es tan malo que siempre me los rompe. Sólo quiero que mi hermano sea bueno y no me moleste más, ni a mi ni a mi perrita, porque siempre le está haciendo trastadas’.

Papá Noel estaba conmovido. ¿Qué podía hacer para conceder el deseo de la pequeña? Lo primero que hizo fue buscar en la lista de niños buenos. Y ahí estaba Erika, entre los primeros nombres. Según ponía en la descripción, Erika ayudaba en casa, hacía sus deberes, se esforzaba por sacar buenas notas, y por si eso fuera poco, ayudaba a los ancianos y nunca se peleaba con sus amigos.

Después buscó el nombre de su hermano. Lo que se suponía: Hans no estaba en la lista.

Papá Noel pensó qué hacer. Y entonces se le ocurrió una idea. Recordó que muchos niños suizos le pedían en sus cartas que atrapara a Krampus, un demonio de grandes cuernos y dientes afilados, que paseaba a sus anchas por el campo atemorizando a todos y llevándose en un saco gallinas y ovejas.

Papá Noel buscó a Krampus y le encontró en una granja. Era enorme, y muy peludo, y cargaba a su espalda un enorme saco lleno de gallinas.

– Krampus – le dijo al demonio – Necesito que vengas conmigo. Necesito un ayudante para asustar a los niños que se han portado mal. Pero en lugar de gallinas, les llevarás carbón.

A Krampus le gustó la idea. Le encantaba asustar a los demás, y más aún a los niños. Así que aceptó.

Esa nochebuena, Hans recibió la visita de Krampus. Él pensó que había sido una pesadilla, porque se presentó mientras dormía, pero al ver sus regalos a la mañana siguiente, se dio cuenta de que fue real. En lugar de juguetes, sólo había recibido un montoncito de carbón. Con este gesto, aprendió la lección, y no volvió a portarse tan mal en casa nunca más.

Artabán

Esta es la historia de Artabán, el cuarto rey mago. Se trata de una hermosa historia navideña basada en el cuento del escritor norteamericano Henry Van Dike, que publicó en 1896 bajo el título ‘The other wise man’. Tal vez su cuento se inspire a su vez en una leyenda rusa, que habla de un cuarto rey mago que en lugar de joyas, lleva burros, aceite y vino. 

Melchor, Gaspar, Baltasar y Artabán, eran cuatro ilustres magos de oriente a los que les encantaba observar las estrellas. Los cuatro magos descubrieron una estrella diferente al resto. Tras varios estudios, llegaron a la conclusión de que esa estrella les marcaba un camino que terminaba en Belén, lugar en donde estaba a punto de nacer el niño Jesús. 

Los cuatro magos decidieron partir de inmediato hacia allí. Pero antes, debían reunirse en un punto concreto de Babilonia, para ir todos juntos. Melchor llevaría oro. Gaspar, incienso, y Baltasar, mirra. Artabán decidió llevar como regalo unas piedras preciosas: un diamante, un rubí y una perla. 

Pero de camino a Babilonia, Artabán se encontró con un pobre hombre al que habían asaltado unos bandidos. Conmovido, le entregó el diamante. 

Cuando llegó al punto de encuentro, los otros magos habían partido hacia Judea. Él fue detrás, pero al llegar allí, tampoco estaban. En su lugar, se encontró con un panorama desolador: Herodes había mandado matar a todos los recién nacidos. Al ver a un soldado a punto de matar a un pequeño, le ofreció un rubí a cambio de que dejara vivir al niño. Pero otros soldados, al ver lo que hacía, le cogieron prisionero y le encarcelan en Jerusalén.

Después de 33 años entre rejas, el rey mago Artabán recupera la libertad. Entonces le dicen que Jesús va a ser crucificado y decide ir allí. Pero de camino, Artabán se encuentra con una mujer que está a punto de ser vendida, y decide entregar la perla que le quedaba a cambio de su libertad.

Cuando Artabán, cansado y con muy pocas fuerzas, se encuentra en el monte Gólgota con Jesús, ya crucificado. Ambos se miran y Artabán le dice:

– Perdona, Jesús, porque llegué tarde.

Jesús entonces le dice lo siguiente: 

– Artabán, tú hoy estarás conmigo en el reino de los cielos, porque cuando tuve hambre, me diste de comer, y cuando estuve enfermo, me cuidaste. Cuando me cogieron preso, me liberaste…

– Pero Señor, ¿cuándo hice yo todo eso?- preguntó Artabán sorprendido. 

– Lo que hiciste por tus hermanos, lo hiciste por mi- contestó Jesús.  

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